Familia
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Ser padres: una tarea para siempre
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Cuando una pareja se decide a traer un hijo al mundo, es consciente de que la tarea de ser padres será para toda la vida. Es un hecho imborrable, aunque haya padres que se desentiendan de sus funciones, nunca dejarán de serlo. Es imposible saber qué acontecimientos nos deportará a lo largo de la vida el hecho de ser padres y qué sorpresas nos traerán las vidas de nuestros hijos. Los primeros serán siempre el referente fundamental y necesario para los segundos. Y los hijos serán siempre una labor para los primeros. Es necesario no perder el objetivo, que es formar personas libres, autónomas, independientes y con las fortalezas necesarias para la vida y para que la vivan con la máxima plenitud posible.

Padres e hijos avanzan juntos

Como decía Mafalda, los padres y los hijos se licencian en el mismo día. Por muchas ideas que tengamos sobre qué significa ser padres antes de que los hijos vengan al mundo, lo cierto es que la relación paterno-filial se irá desarrollando al mismo tiempo. Nadie recibe instrucciones precisas sobre cómo tratar a sus propios hijos antes de conocerlos. Es una tarea paulatina y para cada día. Es un largo camino para el que hace falta ir llenando la mochila de muchas cosas, fundamentalmente cariño, paciencia y comprensión. Pero también de una serie de conocimientos y habilidades que hay que ir descubriendo y adquiriendo.

Apoyos en el camino

El papel de los padres no es solo legal, o de provisión de las condiciones necesarias para la vida: educación, alimentación, formación... Ser padres significa ser guía para quienes vienen detrás. Poder contar con unos padres firmes es una garantía de seguridad, autoestima y equilibrio emocional para los hijos. Y no hay nada que llene más de orgullo a unos padres que saber que son útiles para dar apoyo, un consejo, una orientación.

Ante esta tarea, a veces abrumadora, no debemos desechar la ayuda que podemos encontrar en tantos lugares. La comunidad educativa, la familia extensa, las asociaciones de padres, las escuelas de padres, las asociaciones deportivas, lúdicas, los profesionales de la psicología, los terapeutas, los psiquiatras, los buenos amigos, las diferentes instituciones... son siempre un apoyo que puede resultar trascendente. No desechemos esas oportunidades y confiemos también en nuestras capacidades y en las fortalezas que contiene una familia que pone todos sus esfuerzos en educar y formar a personas auténticas.

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