Familia
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¡Y mi niño más!
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Es frecuente que las madres o los padres elogien a sus hijos ante los demás... Y parece inevitable en ocasiones cierta competitividad. A todos nos encantaría que nuestro hijo o nuestra hija fuera el más guapo, el que mejores notas saca, el más espabilado, el más listo, el más bueno.... Es una buenísima intención que reúnan todas esas características, pero el amor de madre o de padre no nos debe cegar en algunos momentos.

Pisar el suelo

Nuestros hijos, como los hijos de los demás, son como son. Nos cuesta educarles, como a los padres de los demás también les cuesta educarles. Y tienen sus momentos deliciosos y en los que nos los comeríamos a besos y otros en que nos sacan de nuestras casillas. En otras ocasiones, nuestros hijos sufren alguna enfermedad, una patología, un retraso...

Los padres han de acoger y tratar a cada hijo tal como es. No hay otro como él o ella, con todas sus potencialidades y todas sus dificultades. La labor paterna es la de educarles para que desarrollen sus capacidades y darles las bases necesarias para llegar a ser personas libres, con unos principios y uno valores.

También en la educación están las tareas de guiarles y corregirles. La comprensión y la exigencia al mismo tiempo, serán asignaturas que deberemos ir conociendo y practicando, sin ceder en cosas que redunden en mal de nuestros hijos. Hemos de ayudarles en sus tareas, pero sin que dejen de llevarlas ellos a cabo, tampoco hemos de evitarles el esfuerzo formativo.

A cada uno, lo suyo

Debemos tener en cuenta que cada niño necesita algo que tal vez otro no necesite. No hay recetas educativas iguales para todos. Aristóteles ya decía que tratar igual a los desiguales resulta tan injusto como tratar desigualmente a los iguales. Por tanto, competir a ver cuál es el mejor en algo, en realidad no tiene sentido y nos puede generar frustración y malas prácticas educativas.

En lo que sí podemos "competir" es en dar la atención, la educación y el amor que nuestros hijos, cada uno en concreto, necesitan. Para ello es necesario conocerles bien, pasar y "perder" tiempo con ellos, compartir, escuchar y hablar. Y luego, actuar en consecuencia. Sin duda, esta es una tarea larga y que requiere esfuerzo, pero merece la pena y tiene muchas recompensas.

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