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La Sobreprotección infantil: Una burbuja peligrosa
Familia
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La Sobreprotección infantil: Una burbuja peligrosa
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“Mamás agenda”, “Padres guardaespaldas”, “Helicópteros”… El carácter peyorativo de estos sobrenombres nos alerta de que hay algo erróneo en un tipo de conducta por parte de los padres para con sus hijos: la sobreprotección.

Es lógico que en un mundo en constante cambio, donde aparecen peligros nuevos que no existían cuando los padres de hoy en día eran niños, cuando hay un torbellino de diferentes sistemas educativos y los modelos de familia han cambiado tanto en los últimos veinte años (esto entre otras cosas), los padres luchen por proteger a sus hijos. Al fin y al cabo, convertirnos en padres nos pilla a todos un poco por sorpresa; hasta que no nos ponen a nuestro hijo en los brazos no somos realmente conscientes de este nuevo papel.

No obstante, hay una gran diferencia entre la protección (instintiva) y la sobreprotección.

Profesores con años de experiencia docente a sus espaldas confiesan las enormes diferencias que han notado entre los alumnos de ahora y los de antes: niños que a los cinco años no saben ni utilizar un grifo, que no saltan o que montan en cólera con una facilidad alarmante ya que sus padres ni les riñen nunca (por miedo a influir en su autoestima) ni les permiten jugar de la forma natural en la que un niño debería hacerlo (temor, de nuevo, a que se lastime, como si fuese algo extremadamente delicado). ¿En qué convertirá este tipo de conductas a esos niños? En adolescentes infelices, inmaduros y extremadamente dependientes.

Los niños necesitan aprender por sus propios medios: a esforzarse por sí mismos, a levantarse (literal y metafóricamente), a decidir, a relacionarse… Y todo esto se aprende mediante errores y caídas. No podemos ni debemos protegerles de todo como si fuésemos apisonadoras que les vayan allanando el camino para que no les roce ni la más mínima piedrecita. Es vital que los niños vayan construyendo su autonomía, que es la base del desarrollo emocional. Los logros que acumulen mediante su esfuerzo personal les darán seguridad y madurez. Ningún padre quiere que su hijo sufra, pero hay angustias que todos hemos superado y de las que hemos aprendido. Las emociones negativas forman también parte del proceso de la vida y, si bien podemos estar ahí como apoyo emocional, hay guerras que cada uno debe librar personalmente.

¿Cuáles son los riesgos de no experimentar ninguna frustración o angustia durante la infancia?:

- Inseguridad y dependencia.

- Incapacidad de enfrentarse a un error o a un fracaso.

- Dificultad a la hora de tomar decisiones.

- Irresponsabilidad de sus actos.

- Mal desarrollo de las habilidades sociales.

- Inmadurez y mal desarrollo psicológico.

- Baja autoestima y consecuente depresión.

 

¿Cómo evitar caer en la sobreprotección sin llegar al límite del extremo opuesto que es la negligencia?:

- Dejar que se enfrente a las dificultades por sí mismo.

- Apoyarle para que pueda crearse una imagen positiva de sí mismo. Es increíble la influencia que ejerce la opinión de los padres sobre un niño.

- Permitir que juegue y se relacione con otros niños sin “helicópteros” controlándolos todo el tiempo.

- No consentirle. Un niño tiene que aprender a que no siempre obtendrá todo lo que quiera. No es no.

- Es importante tratarle y hablarle acorde a su edad. La mayoría de las veces pensamos que los niños se percatan de menos cosas de las que lo hacen y tendemos a infantilizarlos.

- Las advertencias constantes pueden crearle mucha inseguridad, así como el dramatismo con respecto a la visión del mundo. - Permitir que se equivoque.

- No educar en base al miedo. El respeto no implica una severidad extrema que quebraría la confianza del niño. Debemos encontrar un punto entre la autoridad y la confianza.

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