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Cuando la paciencia de papá y mamá llega a su límite
Familia
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Cuando la paciencia de papá y mamá llega a su límite
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En ocasiones los padres pueden perder la paciencia ante varias actitudes infantiles: no obedecen, lloran y patalean, se niegan a comer, son lentos... Como decía Mafalda, los papás y los hijos se licencian el mismo día, y ningún padre sabe hasta dónde puede llegar hasta que sus hijos le ponen a prueba. Muchas veces no es fácil, y en ocasiones nos sorprenderemos perdiendo los papeles... y arrepintiéndonos después.

Si echamos la vista atrás, encontraremos alguna pista recordando nuestra propia infancia. Eso nos dará una pauta de cómo nuestros propios padres ponían en práctica la paciencia y cuándo no y cómo nos afectaba. Pero es bueno tener en cuenta algunas ideas.

Definir el escenario familiar

Primero debemos tener una idea lo más clara posible de cómo es nuestro hijo o nuestra hija. Puede cegaros un poco el cariño, pero sabemos por lo general qué es lo que le cuesta más y lo que le resulta más fácil. Preparémonos con una dosis extra de paciencia cuando lleguemos a ese punto que le resulta más costoso.

Tengamos además en cuenta los cambios familiares o escolares: llegada de un nuevo hermanito, el fallecimiento de un familiar, el cambio de curso o de colegio...Todas esas circunstancias que pueden estar afectando la actitud de nuestro hijo.

Papá y mamá juntos

Es muy importante que los padres acuerden juntos qué es lo que más le hace perder la paciencia, los momentos en los y repartirse los momentos complicados, haciendo que cada uno acompañe al peque en lo que menos le hace perder los nervios con sus hijos. Lo importante es la armonía.

Otro pequeño truco es repartirse momentos de respiro. Entre ambos deberán definir también qué momentos son los que generan más estrés y hablar sobre los medios para evitar que ese estrés, que resulta lógico, llegue a generar un momento de gran tensión. No todo lo puede hacer mamá, ni todo lo tiene que hacer papá; y si hay hermanos mayores, podemos pedirle su colaboración con algún cuidado hacia el más pequeño.

El autocontrol es necesario para la armonía familiar y nuestro esfuerzo es muy importante. Además, relativizar los momentos de tensión y considerarlo como algo que puede surgir, especialmente con los más pequeños, puede resultar terapéutico. Podemos compensarlos con otros en los que el disfrute sea protagonista. No perdamos la idea de que la paciencia es una virtud que debemos practicar sobre todo por nuestros hijos.

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